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Vuelta de Araracuara, amazonía colombiana.

Voy a contar una experiencia que tuve en Araracuara, en la amazonía colombiana, cuando regresaba de estar allí una semana a finales del mes de junio del 2012. En estos últimos años ya estoy curado en salud en visitar lugares o conocer personas que “supuestamente” van a transmitirte mucha información o a tener experiencias fuera de lo común, pero que posteriormente todo se queda en agua de borrajas. O quizás deberíamos decir mejor, que el ego lo considera como agua de borrajas, es decir, simple y llanamente, el ego considera que no ha sucedido nada porque ha ido juzgándolo todo y desmigándolo de forma milimétrica. Una vez que logramos dejar al ego a un lado y quedarnos en presente empiezan a suceder grandes cosas, cosas que son difíciles de describir posteriormente porque tienen su significado y su sentido en ese momento. Sin embargo, permitidme que os describa lo mejor que pueda, intentando dejar el poder del ego a un lado lo que me sucedió al salir de Araracuara.

Llevaba una semana viviendo en casa de Don Marceliano, con su familia, y a pesar de que fue una estancia muy agradable llena de momentos inolvidables, debido a que ya había estado diez días en la Sierra Nevada de Santa Marta sólo tres días antes de ese viaje, realmente estaba exhausto y necesitaba volver a la “civilización”. Lo pongo entre comillas no porque el mundo en el que vivo sea civilizado, sino porque es en el que estoy acostrumbrado a vivir, creo que todos me entendéis, es decir, tener electricidad, agua corriente, etc. Pues bien, cuando nos disponíamos a partir a Bogotá una persona nos paró en medio del camino al aeropuerto diciéndonos que el avión había tenido problemas para aterrizar el día anterior y lo habían desviado a Ecuador, por lo que no volvería a pasar hasta mañana. En ese momento fue como si me echaran un jarro de agua fría, me había despedido de la gente, había organizado el equipaje, recogido todo y … otro día más sin poder dormir en una cama con colchón (allí se duerme en amahaca), sin poder tener una ducha de agua caliente, sin poder cocinar lo que yo quiera, … en fin, todas esas cosas que suceden cuando ya tienes los planes hechos y te los desbaratan instantáneamente. Intenté cambiar el chip, ya que estaba cayendo en emociones negativas que sólo me llevarían a que la situación empeorara más. Pensé que era una muy buena oportunidad de disfrutar un día más de esa zona, que quien sabe si volvería otra vez. Cuando llegó la tarde empezó a llover de forma contundente, empezamos a mambear y siguió lloviendo, y así sucedió durante toda la noche, donde incluso hubo bastantes truenos y relámpagos. Nos levantamos a las 5:15 ya que teníamos que estar en el aeropuerto sobre las 7:00, al menos eso nos habían dicho el día anterior, porque el panorama no era nada optimista para volar, seguía lloviendo fuertemente desde el día anterior. La mujer de Don Marceliano, Graciela, empezó a prepararnos un café diciéndonos que podíamos esperar tranquilamente porque el avión con esa lluvia tan fuerte no iba a salir. Sin embargo, si no era así nos arriesgábamos a perder el billete por lo que optamos por ir a la hora que nos habían dicho al aeropuerto, sin tiempo para tomarnos el café. Al salir, pertrechados con capas y botas de lluvia, el camino que subía al aeropuerto estaba totalmente encharcado, habiendo zonas donde se formaban riachuelos en donde el agua alcanzaba una fuerte corriente. En esos momentos había en mí dos opciones, una era pensar que era imposible que saliera el avión ese día, tal y como Graciela había sugerido y como se podía ver claramente en la situación climática, y otra era creer firmemente en que el avión iba a poder aterrizar y nos íbamos a poder marchar a Bogotá sin problemas ese día. Elejí la segunda opción y saqué de dentro de mí todas las herramientas que necesitaba para que esa opción se acabara materializando en la realidad, todas esas cosas que hemos aprendido, que más bien deberíamos decir, hemos recordado y que la necesidad hace que como un resorte las utilicemos en un instante dado. En esos momentos en los que las apariencias parecen conducirte a un resultado distinto al que quieres crear, empiezan a venirte ideas y pensamientos que muchos de ellos son originados por el ego, que lógicamente intenta plasmar que eso no puede suceder, que es materialmente imposible. Recuerdo en esos momentos a unas palabras que dijo Jose Luis Parise en una de sus conferencias “en los idiomas originales indígenas no existe la palabra llover, sino, ‘llovemos'”, por lo que comienzo a cantar una especie de mantra, dirigido a la lluvia para que escampe. El camino hacia el aeropuerto es cuesta arriba, como digo, con el mismo encharcado, lloviendo fuerte y cargado de bultos, por lo que tengo pocas fuerzas para cantar, pero logro armonizar el ritmo de subida con el mantra con que me dirijo a la lluvia para que poco a poco disminuya hasta parar (en este video podéis ver unas imágenes que grabé de la situación).

No recuerdo ahora la canción, pero era una mezcla de gratitud por la abundancia de agua caída y una petición humilde para que cesara. Intenté parar el pensamiento y poner toda la atención en la canción y la intención, y había otra frase que me venía a la cabeza de vez en cuando “aunque te parezca imposible, simplemente observa lo que va a suceder”. Esta frase me suele venir a la cabeza cuando quiero obtener un resultado que al ego en ese momento le parece imposible, y es una frase muy buena para ponerte en observador, en testigo de lo que sucede, sin a penas intervenir, dejando que el universo te traiga en bandeja lo que has pedido, simplemente siguiendo los pasos del camino que se te va abriendo, caminando paso a paso. Pasados 20 minutos la lluvia había cesado bastante, pero todavía llovía suavemente y el cielo estaba encapotado, por lo que técnicamente el avión no podría aterrizar todavía. Pensad que se trata de un mini aeropuerto, el avión tiene motores de hélices, y el aterrizaje y despegue se hace totalmente manual sin ayudas electrónicas, como sucede en aeropuertos más grandes. Dspués de casi una hora de subida, llegamos cerca del aeropuerto, donde existe una pequeña tiendecita, y los dueños nos ofrecen amablemente un café caliente, un tinto o tintico, como allí lo llaman. Estamos solos mi amigo y yo, otro incentivo más para el ego para desacreditar la realidad que espero crear, y sigue la frase dentro de mí “aunque te parezca imposible, simplemente observa lo que va a suceder”. Llega un militar a comprar un cajetilla de tabaco y nos dice “el avión no va a pasar hoy con el tiempo así”, a lo que mi amigo y yo nos miramos, si no pasa hoy el avión habrá que esperar una semana para volver a cogerlo, ya que debía haber pasado el día anterior y no podrá espera más días si no sale hoy. En esos momentos entro en un estado en el que para mí la única opción posible es marcharse, lo único que tengo que hacer es esperar a ver como cambia la situación, estas cosas que suceden son lo que Jose Luis Parise llama la esfinge, y a cada una nueva que aparece vuelvo a estar más seguro de que la realidad se está materializando. Y sucede algo maravilloso, mi amigo y yo vemos un caballo al lado del aeropuerto, inicialmente no le di mucha importancia, pero pensándolo más detenidamente en ese momento me doy cuenta de que en todos los días que he estado en la zona es el primer caballo que veo, curioso, e incluso no he visto ningún otro animal de carga como bueyes, mulas, etc. Es un caballo precioso, marrón, con el pelo negro, su piel brilla, y la forma de moverse transmite alegría y libertad. Me recorre un escalofrío por el cuerpo, es la señal que me ratifica plenamente que hoy vamos a salir de Araracuara en avión. En ese momento llueve ligeramente y el cielo está más despejado, ya ha subido bastante gente pero nos comentan que la red de telefonía móvil está caída y que no hay forma de comunicarse con el aeropuerto de donde sale el avión, por lo que no saben si ha salido ya o no, y tampoco pueden decirles cómo está el tiempo aquí. Como nadie sabe qué hacer, los responsables de la aerolínea toman la decisión de hacer check in y facturar los bultos, por si acaso el avión ha despegado del otro aeropuerto. Cuando hemos hecho el check in, deben de ser como las 9-10 de la mañana, oímos un ruido de avión, pero el cielo todavía está con nubes muy bajas, aunque apenas llueve. Vemos que de repente aparece el avión, pero no tiene tiempo para realizar un aproximamiento seguro debido a la baja visibilidad y pasa de largo. Los responsables de la aerolínea nos comentan que volverá a intentarlo. Pasados unos minutos vemos volver a aparecer al avión pero no tiene visibilidad y vuelve a pasar de largo. Los responsables nos comentan que o bien se va directamente a Bogotá o se queda en un aeropuerto o base militar cercana a esperar a que despeje. Todavía no funciona la red de telefonía móvil, por lo que no se pueden comunicar con otros aeropuertos ni con la central de la aerolínea, por lo que todo son conjeturas. Todo esto sucede en la sala de espera, un lugar que tiene sólo un techo, donde no hay ningún asiento, y el suelo está mojado ya que está abierto al exterior por un lado. Pasa el tiempo, son las 12:00, seguimos en la sala de espera, sin poder sentarnos, una persona al lado mío está comentando que ha visto unos insectos aparecer que salen cuando viene el buen tiempo, eso lo interpreto como otra señal de que vamos en la dirección correcta, y efectivamente, pasados unos minutos comienza a abrirse el cielo y a salir tímidamente el sol. Hace unas horas parecería totalmente imposible. En todo este tiempo, acompañándonos en la lejanía está nuestro querido caballo, como fiel testigo de lo que sucede, sin embargo cuando nos dicen que el avión está en una base militar cercana ya que se ha recuperado la comunicación por móvil, y que va a proceder a despegar y llegará en poco tiempo, el caballo ya ha desaparecido. Es decir, el caballo parece ser que estuvo mientras se estaba produciendo la magia. Era como un notario que daba fe de lo que se estaba produciendo. Es una pena que no hiciera una foto al caballo, pero con el tiempo que hacía y el lío de los bultos y la capa, no saqué la cámara. El avión despegaría finalmente a las 17:00 horas, después de casi 12 horas de espera (en el siguiente video grabé la llegada del avión, la entrada en el mismo y el despegue).

No todo el mundo tuvo tanta suerte, el aeropuerto siguiente donde esperaban personas para ir a Bogotá estaba cerrado por mal tiempo, y eso que no estaba lejos, por lo que entiendo que esas personas tendrían que esperar una semana al siguiente vuelo, o bien elejir un medio de transporte alternativo (a través del río). La siguiente parada fue en otro aeropuerto simplemente para repostar, y desde allí finalmente aterrizamos en Bogotá, a las 19:30, aproximadamente. Una vez que llegué di gracias al universo y a todos los elementos que habían colaborado en la realización de esa realidad, incluido yo mismo, claro.

Un abrazo.

Mr D.

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2 Responses to Vuelta de Araracuara, amazonía colombiana.

  1. jessica chaparro says:

    estar aya en el araracuara es una experiencia hermosa estar en contacto con la naturaleza y ver como este sito que tiene tantas maravillas esta tan abandonado como es tan difícil el transporte. estar aya es algo mágico y divertido gozando de su gente disfrutando de sus ríos y aprendiendo cada vez mas , viví dos años aya y fue una experiencia maravillosa lo mejor es algo que no se encuentran palabras para expresar solo quien lo vive sabe lo que es… que detrás de tanta selva y monte como le llaman se encuentran tanta magia… lo mejor compartir aprender enseñar…..

     
    • Hola Jessica, gracias por tu comentario. La verdad es que sí que es un lugar maravilloso, aunque demasiado aislado como bien dices, además de que la compañía que vuela hasta allí , Sabena, deja mucho que desear y un poquito corruptilla. Recuerdo que a veces dejaban muchos sitios sin ocupar a pesar de que había gente que necesitaba volar porque así transportaban más mercancía para particulares. También recuerdo estar horas y horas esperando para despegar y sin que te dieran un refrigerio ni nada.
      Estaría bien que contaras alguna experiencia tuya. ;-)

      Un abrazo.

      Mr D.

       

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